El CADIC explicaron el control de plagas en el predio

Los profesionales del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), explicaron que para el control de conejos silvestres «se tomarán medidas para evitar daños ecológicos, a la salud y edilicios, priorizando la seguridad de personas, el resto de los animales y el ambiente».

(FOTO: Daño producido por el conejo en vegetación y suelo, camino al aeropuerto. A la derecha pérdida total del suelo y la vegetación. A la izquierda sectores en proceso de pérdida definitiva de vegetación).

El conejo de Castilla (Oryctolagus cuniculus) es una especie exótica invasora, considerada una de las 100 especies invasoras más dañinas del planeta por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Fue introducida en Tierra del Fuego desde Europa por los primeros colonos. Al igual que ocurrió en otras partes del mundo, al acceder a condiciones favorables para su reproducción, sin predadores naturales, se diseminó por todo el territorio causando daños ecológicos de gran envergadura que incluyen la destrucción del suelo y la eliminación de especies animales y vegetales autóctonas.

Desde el año 2000, luego de un control demográfico que se había logrado en la década del 80, las poblaciones de conejos comenzaron a recuperarse en la Península de Ushuaia -donde se encuentran las instalaciones del CADIC-. Este año, debido a las particulares condiciones climáticas, se produjo una explosión demográfica que enciende nuevas alarmas ambientales y sanitarias.

Esto obliga al CADIC a tomar acciones de control de esta especie dañina que, a pesar de no ser agradables, se revelan como indispensables en pos de evitar su diseminación por la Isla Grande de Tierra del Fuego y la producción de daños mayores. Desde la institución se prioriza siempre la protección del ambiente, tanto a partir de la investigación como de la intervención directa y esta medida va en el mismo sentido: mantener la biodiversidad nativa y tratar de reparar los daños producidos por la acción humana.

Conejos: un peligro latente.

La invasión del conejo conlleva riesgos para el medioambiente, la salud de la población, la operación aerocomercial y las construcciones edilicias.

En relación a los daños ambientales, los conejos comen la cubierta vegetal, rascan el suelo en búsqueda de raíces y cavan para construir sus madrigueras. Esto destruye la vegetación y tiene una doble consecuencia. Por un lado, elimina el hábitat de especies nativas, produciendo daños irreparables a la biodiversidad. Por el otro, deja expuesto el suelo a la erosión del viento y las lluvias que tanta intensidad tienen en estas latitudes, atentando contra la fertilidad y productividad de este recurso natural tan preciado.

Con respecto a la salud humana, el contexto actual de la pandemia nos alerta, una vez más, sobre los peligros que conlleva el contacto con animales silvestres que pueden portar patologías (hongos, parásitos, virus y bacterias) que podrían ser transmitidos a las personas y también afectar a otras especies animales, incluyendo mascotas. Este es el caso de los conejos que circulan libremente junto a seres humanos, mascotas y otros animales silvestres.

Con respecto a la seguridad aerocomercial, tanto el conejo -presente en el Aeropuerto Internacional de Ushuaia Islas Malvinas-, como sus predadores y carroñeros -aves, zorros y perros, por ejemplo- representan un riesgo para las aeronaves que allí operan, ya que pueden ser ingestados por las turbinas.

Finalmente, las madrigueras que conforman sistemas de túneles subterráneos quitan el sostén a cualquier estructura que se apoye sobre este terreno. Esto produce hundimientos y derrumbes que implican peligros no sólo económicos sino también para la seguridad de las personas que transitan y habitan esas zonas. También trae problemas en cementerios ya que al cavar pueden ingresar en las tumbas. En este caso, tanto el edificio principal del CADIC -dedicado a investigaciones- como las viviendas que alojan a su personal están sufriendo las consecuencias.

Método de control.

Se han evaluado, a partir del consejo de expertos, diversos métodos de control que han demostrado ser exitosos en otras experiencias nacionales e internacionales. Las alternativas fueron evaluadas teniendo como máxima prioridad la bioseguridad de las personas y del resto de las especies animales que habitan y transitan el predio y sus alrededores, así como la ausencia de impacto ambiental. Así mismo se consideraron las opciones que representan el menor sufrimiento posible para los conejos en el proceso de erradicación.

Entre las técnicas no letales se encuentran cercar un área para protegerla o atrapar a los animales y trasladarlos. En ambos casos, el problema no se soluciona, sino que se transfiere a otro sector y puede inclusive acelerar el proceso que aquí se intenta evitar, es decir, la expansión del conejo por fuera de la península. Tampoco existen herramientas de esterilización que puedan aplicarse al total de la población de conejos, que sean efectivas y seguras para otras especies. A estas limitaciones se añade el hecho de que el predio se encuentra habitado continuamente, es un espacio laboral y está localizado en una zona urbana.

Teniendo en cuenta todos los puntos señalados se procederá a realizar una fumigación pasiva y extracción manual. Este procedimiento no implicará riesgo para la seguridad ni la salud de humanos ni de otras especies animales y posee un impacto nulo para el medioambiente. No se emplearán métodos de control biológico como la inoculación de virus o agentes patológicos.

La erradicación del conejo no solo resguarda un patrimonio estatal, sino que, principalmente, constituye una contribución al control de una plaga para proteger a la flora, la fauna y la población de Tierra del Fuego de un desastre ecológico como el que ya se vivió el siglo pasado; asumiendo la responsabilidad social que comporta nuestra función profesional.

Finalmente, cabe destacar que con estas acciones se sigue lo que demanda la legislación vigente, en particular el Convenio sobre la Diversidad Biológica, al que se adhirió la Argentina mediante la Ley 24.375 de la Nación, que en su artículo 8º, inciso h) dice: “Se impedirá que se introduzcan, y se controlará o erradicará a las especies exóticas que amenacen a ecosistemas, hábitats o especies”. Además se contribuye a cumplir con uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas a los que adhirió la Argentina en 2015. El Objetivo 15, en una de sus metas se propone: “Para 2020, adoptar medidas para prevenir la introducción de especies exóticas invasoras y reducir de forma significativa sus efectos en los ecosistemas terrestres y acuáticos y controlar o erradicar las especies prioritarias”.

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